Todos tenemos
miedos,
pero en realidad el
por qué, no lo sabemos.
Cuando somos niños,
a la oscuridad;
cuando crecemos,
a la soledad.
A algunos seres
tememos,
aunque el por qué,
no lo sabemos.
Animales o
insectos,
serpientes,
tarántulas o bichejos.
¡Pobres animalejos!
Les juzgamos por su
aspecto
y solo sacamos sus
defectos.
Si son peligrosos,
o si son
espantosos.
Hay un miedo muy
común
que más bien puede
ser una inquietud.
El miedo a morir
por miedo también a
sufrir.
En realidad es a la
muerte,
por perder a las
personas que más quieres.
También tenemos
miedo a ser rechazados,
en vez de amados.
Y un miedo muy
normal,
el miedo,
a fracasar.
Pero de los errores
se aprende,
y quien diga lo
contrario,
miente.
Para acertar
hay que fallar,
si alguna vez fracasas
la siguiente vez
avanzarás,
hasta cumplir tus
metas
y volar libre, como
una cometa.

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